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La
nueva constitución europea debe ser ratificada
por el parlamento o mediante referendum en todos los
estados miembros. Sin embargo la mayor parte de los
europeos no siente entusiasmo por votar un texto constitucional
que es profundamente desconocido y sobre el que no existe
ningún debate entre los partidos.
La realidad es que los ciudadanos tienen serios motivos
para permanecer indiferentes sobre una Constitución
en cuya discusión y elaboración no han
participado y cuyo texto ha sido consensuado por familias
políticas, grupos de presión y gobiernos
al margen de la voluntad popular.
Si
el procedimiento ha fallado, tampoco las circunstancias
son nada propicias para el entusiasmo. La reciente ampliación
de la Unión de 15 a 25 países ha traido
consigo numerosos problemas que están sin resolver,
empezando por una redistribución de los fondos
europeos y terminando por una pérdida de cohesión
política y económica.
La
UE era un proyecto homogéneo a finales de los
80 cuando entraron España y Portugal. Hoy, desgraciadamente,
ha dejado de serlo y lo será menos en el futuro
si se incorporan otra media docena de países
que están llamando a la puerta.
Casi
ningún dirigente europeo se atreve a profundizar
en estos problemas, pero la realidad es que muchos ciudadanos
empiezan a percibir la UE más como un foco de
conflictos que como un espacio de cooperación
y desarrollo.
Los
problemas no desaparecen por no hablar de ellos, por
lo que sería deseable un amplio debate en todos
los estados miembro sobre la construcción europea
y lo que va a representar la nueva Constitución.
Los ciudadanos deben tener el derecho de pronunciarse.
(*)
Por todo ello el proyecto EURO 3000 pretende
devolver a los ciudadanos europeos el derecho que les
corresponde a decidir por si mismos sobre el contenido
de la contitución y el código legal europeo.
Conoce en que leyes en las que estamos trabajando actualmente
y haz tus propias propuestas en nuestra sección
PROPUESTAS
DE LEY
(*)
Extractos de El
Mundo de 12/10/04
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