Estudios
encuentran que la recompensa a menudo no es motivadora
En
el laboratorio, las ratas consiguen Arroz Krispies. En la salón
de clase los estudiantes más destacados alcanzan las
mayores calificaciones, y en la fábrica o en la oficina
los mejores trabajadores obtienen aumentos. Es una cuestión
de fe para la mayoría de nosotros que las recompensas
promueven un desempeño mejor.
Pero
un cuerpo creciente de investigación sugiere que esta
ley no es tan rigurosa como se pensó una vez. Los psicólogos
han estado encontrando que las recompensas pueden bajar los
niveles de desempeño, especialmente cuando el desempeño
implica creatividad.
Una
serie de estudios relacionados muestra que el interés
intrínseco en una tarea - en el sentido de que algo es
valioso de hacer por su propia razón - típicamente
declina cuando alguien es recompensado por hacerlo.
Si
una recompensa - dinero, premios, elogios, o el ganar una competencia
- llega a ser visto como la razón número uno para
engancharse en una actividad, esa actividad será vista
como menos agradable que por su propia razón.
A
excepción de algunos comportamentalistas quienes dudan
de la existencia misma de la motivación intrínseca,
ahora estas conclusiones son aceptadas extensamente entre psicólogos.
En conjunto, sugieren que podemos estar variando involuntariamente
el interés y desalentando la innovación entre
trabajadores, estudiantes y artistas.
El
reconocimiento que las recompensas pueden tener efectos contraproducentes
se basa en una variedad de estudios, que han venido aflorando
con hallazgos tales como éstos: Los niños jóvenes
a quienes se recompensa por dibujar, es menos probable que lo
hagan por su propia cuenta que aquellos que dibujan sólo
por la diversión de hacerlo. Los adolescentes a quienes
se les ofrece recompensas por jugar juegos de palabras, gozan
menos de los juegos y no juegan tan bien como quienes lo hacen
sin recompensas. Los empleados que son alabados por cumplir
con las las expectativas de un directivo sufren un bajón
en la motivación.
Gran
parte de la investigación sobre creatividad y motivación
ha sido realizada por Theresa Amabile, profesora asociada de
psicología de la Universidad de Brandeis. En un artículo
publicado a comienzos del año pasado en su estudio más
reciente, presentó un informe de los experimentos realizados
con estudiantes de educación básica y de universidad. A los
dos grupos se les pidio realizar collages "tontos". También
se les pidió a los niños que inventaran historias.
Los
proyectos menos creativos, según lo calificaron varios
profesores, fueron hechos por aquellos estudiantes con quienes
se había convenido recompensas. Puede ser que el trabajo
comisionado, en general, sea menos creativo que el trabajo que
se hace fuera de puro interés, dijo Amabile.
En
1985, Amabile pidió a 72 escritores creativos de la Universidad
de Brandeis y de Boston que escribieran poesía. Entonces
a algunos estudiantes se les dió una lista de razones
extrínsecas (externas) para escribir, tales como impresionar
a los profesores, ganar dinero y graduarse en la escuela, y
se les pidió pensar en sus propios escritos con respecto
a esas razones. A otros se les dió una lista de razones
intrínsecas: el disfrute de jugar con palabras, satisfacción
de auto-expresión, y otras. A un tercer grupo no se le
dió ninguna lista. A todos se les pidió que escribieran
más.
Los
resultados fueron claros. Los estudiantes a quienes se les dió
las razones extrínsecas escribieron no sólo en
forma menos creativa que los otros, según lo juzgado
por 12 poetas independientes, sino que la calidad de su trabajo
bajó perceptiblemente. Las recompensas, dice Amabile,
tienen este efecto destructivo sobre todo con tareas creativas,
incluyendo solución de problemas de alto nivel. "A mayor
complejidad de la actividad, mayor es el daño causado
por las recompensas extrínsecas", dice.
Pero
otra investigación muestra que los artistas no son los
únicos afectados.
En
un estudio, niñas de quinto y sextos grado enseñaron
a niños más jóvenes en forma mucho menos
efectiva si a ellos se les prometía entradas para ir
al cine. El estudio, de James Gabarino, ahora presidente del
Instituto Erikson de Chicago para Estudios avanzados en el Desarrollo
del Niño, mostró que a los profesores particulares
que trabajaban por la recompensa les tomó más
tiempo para comunicar sus ideas, se frustraron más fácilmente,
y al final hicieron un trabajo más pobre que aquellos
que no fueron recompensados.
Tales
hallazgos llaman a cuestionar la creencia extendida que el dinero
es una manera eficaz e incluso necesaria de motivar a la gente.
También desafían la suposición comportamentalista
que cualquier actividad es más probable de llevar a cabo
si se recompensa. Amabile dice que su investigación "definitivamente
refuta la noción de que la creatividad se puede condicionar
operantemente".
Pero
Kenneth McGraw, profesor asociado de psicología de la
Universidad de Mississippi, advierte que esto no significa que
el comportamentalismo se ha invalidado a sí mismo. Los
principios básicos del refuerzo y recompensas ciertamente
funcionan, pero en un contexto restringido" - restringido, eso
es, a tareas que no son especialmente interesantes.
Los
investigadores ofrecen varias explicaciones para sus hallazgos
sorprendentes sobre recompensas y desempeño.
Primero,
las recompensas animan a la gente a centrarse estrechamente
en una tarea, para hacerla tan rápidamente como sea posible
y para tomar pocos riesgos. "Si sienten que esto es algo que
tienen que hacer para alcanzar el premio, ellos lo harán
en forma menos creativa", dice Amabile.
Segundo,
la gente llega a verse como si ellos mismos estuvieran siendo
controlados por la recompensa. Ellos sienten menos autonomía,
y esto puede interferir con su desempeño. "La extensión
de la experiencia de una persona que está siendo auto-determinada
es limitada", dice Richard Ryan, profesor asociado de psicología
de la Universidad de Rochester, "la creatividad de una persona
se reducirá también".
Finalmente,
las recompensas extrínsecas pueden erosionar interés
intrínseco. Quienes se miran a si mismos trabajando por
dinero, aprobación o éxito competitivo, encuentran
sus tareas menos placenteras, y por lo tanto no las hacen tan
bién.
La
última explicación refleja los 15 años
de trabajo hecho por el mentor de Ryan en la Universidad de
Rochester, Edward Deci. En 1971, Deci mostró que el "el
dinero puede cortar la motivación intrínseca de
una persona por una actividad" en el largo plazo. Diez años
más tarde, Deci y sus colegas demostraron que tratar
ser mejores que otros tiene el mismo efecto. Los estudiantes
que compitieron para solucionar un rompecabezas rápidamente
lo hacen en forma menos gustosa que aquellos que no competían
por mantenerse trabajando en esto una vez que había terminado
el experimento.
Hay
acuerdo general, sin embargo, de que no todas las recompensas
tienen el mismo efecto. Ofrecer un valor sustancioso por participar
en un experimento - similar a un salario por hora en el mercado
laboral - usualmente no reduce la motivación intrínseca.
Es solamente cuando las recompensas se basan en la ejecución
de una tarea dada o en hacer un buen trabajo - análogo
al pago y bonos por pieza-tarifa, respectivamente - que el problema
se desarrolla.
La
clave, entonces, radica en cómo se experimenta una recompensa.
Si nosotros mismos llegamos a mirar el trabajo como medio para
conseguir algo, nunca más encontraremos esta actividad
valiosa por sí misma.
Hay
un viejo chiste que ilustra agradablemente el principio. Un
hombre mayor, acosado por las mofas de los niños de la
vecindad, finalmente idea un esquema. Ofreció pagar a
cada niño un dólar si ellos podían regresar
el martes y proferir sus insultos otra vez. Ellos lo hicieron
con impaciencia y recibieron el dinero, pero él les dijo
que sólo les podría pagar 25 centavos el miércoles.
Cuando volvieron, lo insultaron otra vez y recogieron sus cuartos,
el les informó que la tarifa del jueves debería
ser sólo un centavo. "Olvídalo", dijeron - y nunca
se mofaron otra vez de él.
En
un estudio realizado en 1982, el psicólogo de Stanford
Mark L. Lepper mostró que cualquier tarea, sin importar
que tan placentera haya parecido una vez, sería devaluada
si fuese presentada como un medio antes que como un fin. Les
dijo a un grupo de preescolares que no podrían comprometerse
con una actividad que les gustara hasta tanto no hayan tomado
parte en otra. Aunque habían disfrutado de ambas actividades
por igual, los niños llegaron a tener aversión
a la tarea que era un requisito previo para el otra.
No
debería sorprender que cuando la retroalimentación
verbal se experimenta como una forma de control, el efecto sobre
la motivación puede ser similar al del pago. En un estudio
de empleados corporativos, Ryan encontró que a quienes
se les dijo, "Bien, usted está haciendo como debería"
estuvieron "significativamente menos movitados intrínsecamente
que aquellos quienes recibieron retroalimentacióni informacional".
Hay
una diferencia, dice Ryan, entre decir, "Le voy a dar esta recompensa
porque reconozco el valor de su trabajo" y "Usted obtiene esta
recompensa porque ha vivido en conformidad con mis estándares".
Existe
una serie distinta pero relacionada de problemas en el caso
de la creatividad. Los artistas deben poder sobrevivir, por
supuesto, pero Amabile enfatiza que "el impacto negativo del
trabajo por recompensas sobre la creatividad se puede reducir
al mínimo" disminuyendo el significado de estas recompensas
e intentando no utilizarlas en una forma controlada. El trabajo
creativo, sugiere la investigación, no puede ser forzado,
sino únicamente permitido que ocurra.
Alfie
Kohn, un escritor de Cambridge, MA, es el autor de ``No Contest:
The Case Against Competition,'' recientemente publicado por
Houghton Mifflin Co., Boston, MA. ISBN 0-395-39387-6.